Momentos: Gloria Friscione

«Desde Delhi. 20 de febrdero 2002». Así inicia uno de los infinitos relatos contenidos en el libro Momentos: Cartas desde la India, de Gloria Friscione de Pérez Jácome, obra perteneciente a la colección Atarazanas, editada por el Instituto Veracruzano de la Cultura y adquirida en la librería ubicada en el Ágora de la Ciudad, en el interior del Parque Juárez del Centro Histórico de esta Atenas Veracruzana.

«Todavía no puedo creerlo. ¡Estoy en la India otra vez! Cada vez me convenzo más de que la mente tiene un poder de crear nuestra realidad», frase elocuente de un ideal que motiva su cristalización.

Uno de los fundamentos principales de la religión católica es, precisamente, la fe, la esperanza y la caridad, virtudes teologales. Precisamente, la fe es creer y, en la medida en que nosotros llegamos a creer, es posible lograr muchos de nuestros propósitos. Tradicionalmente, a fin de año e inicios del siguiente —periodo en el que nos encontramos en este momento, albores del segundo cuarto del siglo XXI y del tercer milenio—, nuestros propósitos empiezan a definirse, a revolotear brincando de una neurona a otra para, finalmente, quedar asentados en alguna de ellas. Se ha hablado también sobre el poder de la atracción y de cómo se debe tener la esperanza del bien en toda su dimensión, no únicamente circunscrita a los aspectos económicos o materiales, sino también a los espirituales.

Viajar es maravilloso, por lo que queda en el recuerdo como un patrimonio invaluable que nadie nos puede arrebatar. Nos acompaña durante toda nuestra existencia y, a diferencia de un patrimonio financiero —el cual está sujeto a riesgos, al deterioro con el tiempo, a la devaluación o a la disminución de su poder adquisitivo—, los viajes, en cambio, adquieren cada vez un mayor valor.

Nuestro país es admirado por propios y extraños, y los lugares son infinitos, incluyendo playas, pueblos mágicos, ciudades cosmopolitas, grandes montañas y cordilleras para admirarse, así como también áreas casi inaccesibles de las cuales únicamente sus habitantes tienen el privilegio de disfrutar, alejados de la mal llamada civilización.

La posibilidad de viajar al extranjero siempre despierta diversas emociones, sentimientos y sensaciones, incluyendo la frustración o el orgullo de haber conocido. Los seres humanos, por fortuna, estamos embargados por la insatisfacción, deseando siempre hacer realidad sueños e ideales; sin embargo, también existe el orgullo de la conformidad (sin confundirla con el conformismo), debido a que se goza de la capacidad y el placer de admirar nuestro entorno: recorrer los parques de esta ciudad y sus áreas verdes nos llevaría horas y horas, causando placer y satisfacción.

Para quienes así lo crean, incluyan dentro de sus proyectos algún viaje para conocer nuestro estado, nuestra nación y, por qué no, si es posible, el extranjero; soñar no cuesta, por lo que debe soñarse en grande. Esto es únicamente una pequeña muestra de lo que invita y despierta la lectura, y te invito a leer esta obra que promete un contenido que dejará horas de placer.