A las madrecitas

¡Oh, madrecita!

Tú que me brindas
mucha ternura con tanto amor.

Tú que me has dado
la palabra y el corazón.​

No quiero que sufras.
¡Mi dulce madre, mi dulce voz!
Mi alma era piedra
ahora, ya no.

Eres mi madre
quién me ha cuidado
y mal me he portado.​

Una gran verdad
me has compartido
más mi ignorancia y prontitud
me enajenaron y destruyeron.

Bien lo sabías
más no encontraste como decirme
y esa era causa, de que sufrías.​

Hoy te considero
soy el culpable
un egoísta
soy de lo peor.​

Y sin embargo
no soy el mismo
porque he cambiado
te adoro y valoro.

¡Oh, madrecita!
Gracias por ser
mi inspiración.