Cada lectura, ahora audio, deja huella, enseñanza e incluso inspira a la acción, incluyendo escribir. Hace varios años, de ahí la novela Veinticuatro horas en la vida de una mujer, muy sugestiva, del escritor Stefan Zweig, la cual, entre sus diferentes mensajes, se interpreta que en un día, en ocasiones un instante, suceden diferentes acontecimientos y experiencias las cuales únicamente un escritor caprichosamente plasma. Evidentemente eso no es privativo ni de los escritores ni de los individuos; estos últimos a diario acumulan tanto que forman su capital histórico, intelectual y espiritual.
El escritor trata de inmortalizar o preservar un poco más de tiempo lo sucedido, destacando lo que a él le inspira, mueve y conmueve para su análisis, reflexión y, en algunas ocasiones, compartirlo.
De esa forma se formó el montículo, como un castillo de arena elaborado a la orilla de la playa este pasado miércoles 17 de septiembre de 2025 en la ciudad y Puerto de Veracruz y zona conurbada de Boca del Río: dos mundos contrastantes, similar a las parejas, cada quien con sus propios sueños, ideales augustos, pero siempre tomados de la mano.
VIAJEROS
Diferentes pendientes permanecen en la agenda, aun cuando varios innecesariamente se incluyen debido a que la idea se anidó en el corazón y en las neuronas hasta el momento en que se realice; y esta visita al puerto se visualizó con antelación y a última hora fue pospuesta a causa del pensamiento responsable, no siempre buen consejero, afirmando esto porque diversos planes y proyectos exitosos no hubiesen sido posibles al originarse sin una reflexión profunda.
Mi hijo varón fue mi acompañante y, de esa manera, no generé preocupación a mi esposa. Con mi hijo coincidimos en algunos gustos y él es muy consecuente, por lo cual no hubo ningún impedimento y de inmediato adquirí boletos para abordar el autobús a temprana hora y regresar por la noche. Concertada la cita a las 11:00 a. m., permitía el traslado sin prisa alguna; sin embargo, la desconfianza y ansiedad de él nos obligó a abordar un taxi controlado. Viaje cómodo, aire condicionado, pantalla individual para el viajero, conductor capacitado.
Lenguaje coloquial, saludo entre el conductor y sus conocidos gritando, música a decibeles elevados; por fortuna, nada de rap ni narcocorridos como los que han proliferado en la actualidad, incluso en esta Atenas Veracruzana. Aquí la música es alegre; me hace recordar la hermandad con pueblos caribeños, incluyendo a Cuba, debido al calor humano latinoamericano, calor ambiental, palmeras, distancia kilométrica… en fin, también placentero.
Primer mundo, elitismo, abundancia de recursos, derrame económico, empleos, tecnología, moda…, «otro pinche mundo», como expresa Polo Polo. Antes de cambiar de escenario de contraste, debo subrayar un poco acerca de la sinceridad, tranquilidad y hasta paz consigo mismo, eso que subyace en la cultura de expresión del jarocho, sin generalizar; aun así, el común denominador, donde la broma, el albur y la picardía distinguen e identifican entre iguales —no mejores, no peores, sino simplemente diferentes—, ¡qué maravilloso!
Amplios espacios climatizados y, por fin, el destino, iniciando, claro, en Sanborns.
BIBLIOMANIÁTICOS
El reloj en paralelo a la neurosis social, sin detenerse, continuando ajeno a la voluntad de la gente. Víctor, de oficio lector, compulsivo, localizó de inmediato un libro. Yo, acercándome a la nariz lo que estaba a mi alcance, miraba el título y el autor de la amplia variedad elegida por los compradores de la tienda, conocedores de las tendencias literarias nacionales e internacionales para ofrecer al público obras clásicas y también novedosas, de tal forma que el placer y la ansiedad invaden e, inconscientemente, se termina hurgando en el bolsillo. Sin transcurrir mucho tiempo, Víctor adquirió el libro Misterio y fe, de la autoría del Premio Nobel Jon Fosse, entregándomelo al instante; y continué acumulando en espera de ojos lectores misericordiosos.
Experimenté una lectura «un tanto normal» y así, retomando los títulos de los libros, el misterio implícito en cada libro, cada autor y aforismo lo fui desentrañando; la fe, en cambio, es un don y es recibida desconociendo cómo y cuándo. Y creí en la literatura, consagrando mi existencia a ella hasta convertirme en editor. Hoy la visión del libro es más integral…
DE MUJERES
Entender su lenguaje constituyó un desafío parecido a pretender dominar el idioma chino mandarín en el ocaso existencial. El costo de la incomprensión fue muy elevado y conllevó perder vivencias, convivencias; incluso, seguro hubiese cambiado el destino mío y el ajeno. Quienes me conocieron en edad estudiantil, muy probablemente, recordarán mi personalidad, aquella personalidad extraviada hace décadas, quizá.
Y la mayoría de mis amistades son damas, como en antaño se denominaba a quienes distinguía su porte, carácter, fineza, pulcritud, sensibilidad, inteligencia… Mujeres intelectuales, experimentadas profesionistas, muy femeninas, líderes, maternales… ¡uff!, imposible continuar; y he gozado de su confianza, aprecio, tal vez admiración y cariño, constituyéndose en compañeras de viaje existencial. Sus perfiles son multidisciplinarios, siendo una filósofa, académica y escritora; otra, odontóloga con maestría en criminalística; una mujer mística, evangelizadora, defensora de su libertad y de la libertad, solidaria; una más, académica, escritora, con gusto por las artes plásticas, casada en segundas nupcias, librepensadora; ¿cómo describir a mi compañera de vida?, 36 inviernos compartiendo el sueño, los ideales, sinsabores, intensidades…
A Edith Sánchez y Jiménez la conocí en el interior del aula, creo que en el numeroso Grupo 101 de la Facultad de Comercio y Administración en 1971. El rebaño seccionado en pequeñas comunidades: los provenientes del Colegio Preparatorio, turno matutino, al cual pertenecía yo; foráneos de diferentes lugares del amplio estado veracruzano, algunos del puerto de Veracruz, Puerto México, Córdoba, Poza Rica, Misantla, Coatepec, Soledad de Doblado, Tantoyuca, Cerro Azul, Alvarado, Los Tuxtlas y otros más. Paulatinamente, la convivencia cotidiana desembocó en una amistad que permanece hasta esta tercera década del siglo XXI.
Ahí conocí a Edith, una chica muy atractiva y con virtudes diversas, destacando su cordialidad y dedicación al estudio. Las actividades nos obligaron a cambiar de turno y a adaptarnos a nuevos horarios; sin embargo, logramos integrar un sólido grupo, continuando juntos los cinco años. Aun así, nos conocimos solo escasamente, redescubriéndonos el uno al otro en años recientes para celebrar uno y otro año más transcurrido posterior al egreso en 1975.
Ayer la información compartida contribuyó a fortalecer lazos y a expresar convicciones e intereses individuales.
Ahora conozco a la profesionista, la mujer, madre de familia, emprendedora e inquieta Edith, y su trayectoria impresionante ejercida en la contaduría, tanto en el Proyecto de la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde como en forma independiente.
Mientras degustaba el clásico café lechero de La Parroquia, sucursal Plaza Américas, y la acompañaba una exquisita bomba con nata, nos compartía alegremente algunas vivencias de las cuales se deducen algunas características de su personalidad: es muy femenina, independiente, arrojada, inteligente, comprometida y con manejo de las relaciones públicas; en resumen, toda una mujer ejecutiva.
Compartió su orgullo y alegría de haber formado a una hija independiente, profesionista y libre, encaminada al aprendizaje de idiomas, posibilitando así mirar el mundo de forma integral.
Víctor y yo atentamente escuchábamos su charla, realizando por nuestra parte algunos comentarios complementarios y, con asombro tanto de ella como de nosotros, parecíamos presenciar aquella ocasión en que manejaba un Ford Mustang color amarillo, seguramente impresionante; y a quienes nos apasiona el tema, conocemos la potencia y elegancia del imponente automóvil. Respecto a su hijita, también nos compartió el gusto por el fútbol americano. La inclinación por la literatura de parte de Edith es otro aspecto que nos une, nos vincula y nos permite dialogar acerca de esos placenteros momentos y experiencias. Me impresionó también su seguridad desde el momento inicial de nuestra entrevista y esa jovialidad interna que la acompaña y contagia, viviendo momentos de felicidad. Esto me hace recordar un aforismo que lo he adoptado como un emblema y que expresa: «El destino une o separa a las personas, pero no existe fuerza tan poderosa que haga olvidar los momentos compartidos»; y estas horas, un minúsculo espacio en la temporalidad existencial, serán uno más de los momentos recordados y disfrutados, sumados a aquellos experimentados en el quinquenio 1971-1975, verdaderamente un gran placer y, para quienes somos católicos, una bendición.
BAHÍA
Posterior al triálogo concluido a la una de la tarde, el cual, como las buenas páginas leídas, deja pendientes para un próximo encuentro, nos trasladamos al lado oriente del paraíso terrenal: Plaza Andamar. Me parece estar en el extranjero: negocios exclusivos, implícito el derecho de admisión; personal capacitado en lenguaje, modales y vestimenta apropiada para atender con esmero, pulcritud y amplia disponibilidad.
Una vista a la costa, al aire libre, música suave, diseño arquitectónico optimizado sin escatimar recursos financieros.
La incipiente tarde nublada promete aún mucho y, cómodamente sentados, perdiéndose los ojos en lo que pareciera ser el inicio de una infinita cascada, dialogamos acerca de otros viajes inspirados por el éxito logrado el día de hoy: la prestigiada Feria Internacional del Libro Universitario de Guadalajara, con la intención de solicitar la dedicatoria a un escritor prestigiado, esto ideado por Víctor; entre otros sueños e ideales dialogados está el Festival Cervantino de Guanajuato. La economía no es boyante, como expresan en el ámbito de la contaduría: estamos descapitalizados; sin embargo, he compartido con mis alumnos el propósito de soñar, y soñar en grande. Cuando verdaderamente se lo propone uno, de una u otra manera se cristalizará, porque la fuerza del universo y la benevolencia del Todopoderoso siempre cumplen a quienes creen en él; así es que, de común acuerdo, habrá que reunir esfuerzos. Una Bohemia y pulpo a las brasas.
Paseo costero en taxi, dirigidos al centro histórico.
Isla de Sacrificios, hotelería, zona residencial, el simbólico e histórico faro, testigo del transcurrir del tiempo, Villa del Mar, hasta llegar al emblemático Emporio y sus alrededores: El Dictamen, Pescadería Gándara, Las Parroquias, los volovanes, el aroma a salitre…
TÍA MINA
Recostada en el reposet, cargando las casi diez décadas, posibilitada, por fortuna, para recordar; la servidumbre al pendiente, aire acondicionado, televisión, amplia recámara… esto constituye el entorno cotidiano de mi tía Herminia, cariñosamente llamada Mina.
Escucha y ve perfectamente; repite casi literal aquello que le platicas, le comentas.
—Soy el hijo de Yoya, tía.
—El hijo de Yoya.
—¿Se acuerda de cuando me trajeron don Arturo y Carmelita en el tren?
—Te trajeron en el tren.
—Allá en la calle Landero y Cos.
—Landero y Cos.
—Me bautizaron como Marcelino, pan y vino.
—Marcelino, pan y vino.
—¿Cómo se siente, tía? Le queremos mucho.
—También te quiero.
He presenciado ocasos existenciales que me han hecho tratar de estar atento en mi transitar, y cada uno es diferente; por ejemplo, conocidos que a su avanzada edad se encuentran totalmente lúcidos, aun con planes y proyectos, viviendo todas sus limitaciones físicas sin esperar el final que, por fortuna, llega sin avisar: Wilfrido Sánchez Márquez, Aurora Ruiz Vázquez y, por supuesto, también otros tristes y dolorosos por verles sufrir, como mi apreciado amigo Javier Ortiz Aguilar.
Mi tía Mina, gracias a Dios y a lo sembrado en su longeva existencia, goza de una situación económica desahogada y atención tanto médica como de servidumbre; y lo más importante es que se le ve un semblante de paz en su corazón y en su alma, y por la que debemos acompañarle con nuestras oraciones.
Previo a la visita, recorrimos brevemente las instalaciones de la Pescadería Gándara, fundada en 1920; recuerdos no muy antiguos como las básculas de péndulo. Un inmueble construido para permanecer décadas, con piso de mármol… Contenedores exhibiendo la gran variedad de pescados y mariscos.
OTRAS PÁGINAS
Satisfechos en diferentes aspectos, recorrimos unas dos calles hasta llegar a la gran librería Mar Adentro y, desde su entrada, se apoderan de uno diversos sentimientos encontrados ante la imposibilidad económica, el tiempo existencial limitado y la capacidad de observación de todos los títulos contenidos. Frente a un estand en forma de isla, levantaba selectivamente un considerado número de páginas apoyado del tacto, acercando a la nariz, tratando de descubrir el título, el autor y el precio: ¡499, 599…, 80 pesos! La capacidad financiera, el límite visual y el desconocimiento al no poder saber más acerca del contenido o la trayectoria del escritor inciden para decidir.
Sabedor de los costos de producción debido a mi formación y experiencia profesional, es lógico cuestionarse a qué obedece la asignación del precio de venta, conduciendo esto a pretender desentrañar la incógnita.
Elijo una obra de 600 pesos menos uno; sentado en la comodidad del sofá, ojeo y hojeo hasta que me interrumpe Víctor ofreciéndome café o vino. La lectura dificultosa de la primera página no resuelve la pregunta…
El ritual continúa, se repite y la espera es placentera mientras mi hijo decide cuáles llevar.
Decoración de interiores, distribución adecuada del espacio, un inmueble vetusto o que lo aparenta, pulcro, hermoso y de altos techos; cafetería, área al aire libre, una atmósfera holística que atrapa, donde el tiempo no transcurre, diálogos múltiples entre potenciales compradores y libros cuestionando al autor o a sí mismos. En contra de nuestra voluntad, apremiados por el tiempo, abandonamos el templo literario.
EMMANUEL
Mi xocoyote, quien labora aquí en el puerto y a quien recibimos en casa semanalmente, fue el objeto y motivo de nuestro penúltimo destino, acordando degustar el clásico frappé para ellos en el Italian Coffee de Díaz Mirón, a dos cuadras más allá de Chedraui de Díaz Mirón 400.
El domicilio quedó archivado en mis neuronas debido a haber sido uno de los invitados a la inauguración a finales de la década de los años 70, cuando fungía yo como contador general.
Realizamos un recorrido desde Esteban Morales hasta el café, deteniéndonos en el parque Zamora y degustando un helado; luego nos dirigimos, no sin antes mencionarle a Víctor que la iglesia del Cristo es una de las más antiguas aquí en América. Transitar en la amplia avenida Díaz Mirón, plagada de vehículos del servicio público y privado, constituye una proeza y se debe estar permanentemente en estado de vigilia para no ser embestido por alguna unidad. Abriéndonos paso entre los transeúntes hasta llegar aproximadamente a las 18 horas. La espera fue breve y nuevamente vivimos un triálogo. El saludo, por supuesto, el intercambio de información y de ideas, y el consumo de un café negro. En familia surgieron algunas pequeñas anécdotas y comentarios acerca de nuestro periplo hasta llegar la hora de la conclusión de la charla y dirigirnos al supermercado cercano para adquirir algunos víveres para Emmanuel. Nos acompañó dos cuadras y de ahí nos cruzamos nosotros y él continuó su trayecto hacia su domicilio. La espera fue breve y abordamos el GL, tomando la botella de agua incluida en el precio para abordar el autobús de retorno y, como dijera mi madre: «A tu tierra, grillo, y aunque sea en una pata», o también como expresaba mi tía Esther: «Siento muy bonito cuando vienen, pero siento más bonito cuando se van, jajaja».
Aunque la experiencia es inolvidable, aquí dejo un testimonio de aquel día, no sin antes dedicar estas líneas a mi querida y apreciada amiga Edith, que este lunes 22 cumple un año más de exitosa y placentera existencia y que coincide con el inicio del Año Nuevo judío, aunque nosotros —y así podría asegurar que también Edith— somos fervientes católicos.
